domingo, 12 de enero de 2014

Savaranos de Catafractaria. "Arrinconados".



Puente de mando. Punto Beta Secunda. Acorzado. 

Khur miró rápidamente hacia los lados, algo acabada de dispararles, debía tomar una decisión rápida, toda la compañía de Mitrídates estaba empezando a entrar precipitadamente en la sala con el enemigo justo detrás, si allí había hostiles, acababa de conducirlos a todos a una ratonera. De repente las balconadas de la cristalera y los paneles cobraron vida, una miríada de rostros asustados se asomó desde estas. Casi una treintena de armas apuntaban a la entrada, se habían dispuesto cubriendo todo el terreno posible para evitar ser sorprendidos. La mayoría presentaba heridas de diversa gravedad, el miedo se reflejaba en sus ojos, habían visto mucho más de lo que se esperaban. Alguien amonestó enérgicamente a otro por su gatillo rápido. 

- ¿Quiénes sois? ¡Identificaos rápido! - El hombre que lo dijo era de alta estatura, se cubría el rostro con una gorra y una máscara de gas pequeña; estaba armado con una ametralladora pesada de cañón rotatorio triple y parecía ser el que más rango tenía de todos ellos.   

- Soy Khur Frates, Coronel del 143 de los Savaranos de Catafractaria, hemos venido para ayudar en la defensa del sistema y conquistar esta nave en nombre de la Lanza de Hierro, nave exploradora del Adeptus Mechanicus. - Más hombres entraban en la sala. - Toda una de mis divisiones va a guarnecerse en esta sala, los xenos nos persiguen. Hacernos sitio. 

El soldado de Sagkeion hizo un gesto con el brazo para que los primeros pelotones de los savaranos fueran entrando en la sala, sus hombres se apartaban de los guardias imperiales foráneos, estaban demasiado cansados o heridos como para molestarse en ayudarles. Muchos de ellos se permitieron relajarse, aunque no era lo que se esperaban, por fin habían llegado refuerzos, no iban a morir allí encerrados como el resto de sus compañeros. Mientras, Khur supervisaba la entrada de los soldados, colocándolos en posiciones defensivas repartidas por la sala junto a los diezmados Coraceros de Sagkeion. Los savaranos llegaban apresuradamente, manchados de sangre y con las armas humeantes por hacer fuego rápido constante, los heridos eran dejados en la parte delantera de la sala junto a varias secciones encargadas de la asistencia médica. El coronel comenzó a contar preocupado los pelotones que entraban, el cuarto y el quinto acaban de llegar, con ellos tanto Halls como Arsacis. El comisario tenía la mitad del cuerpo cubierta con restos de alienígena, los cuales se escurrían desde su puño de energía. Mientras tanto, el mayor se había apoyado en un panel para reajustarse dolorosamente el vendaje del brazo. 

Khur se acercó al pórtico, palmeaba la espalda de los soldados que pasaban a su lado. Más pelotones entraron. Solo faltaba uno, el de retaguardia, los chillidos de los xenos llegaban desde no muy lejos, los hombres al cargo de Hulja eran los que se habían llevado la peor parte, no habían sido diezmados, pero tampoco llegaban en el buen estado de los anteriores. Uno tras otro entraban casi a trompicones por las prisas, un soldado se tropezó junto a Khur, este le ayudó a levantar rápidamente, era Tirch, portador de un lanzallamas, lo apartó a su lado, este no dijo nada. Hulja y los últimos savaranos entraron caminando de espaldas mientras abrían fuego automático con sus armas, los genestealers caían ante ellos lanzándose hacia la muerte en un intento suicida por atraparlos. Cuando pasaron, Khur ordenó a Tirch cubrirles con su arma, al mismo tiempo que lanzaba todo una ristra de granadas hacia los xenos. El fuego y las explosiones hicieron retroceder a los aliens. Ambos hombres se retiraron rápidamente junto al resto, sabían que los enemigos no tardarían en lanzar otro ataque. 

Mitrídates supervisaba el orden de su compañía, habían sido muy afortunados, un tembloroso soldado de Sagkeion le comunicó que ellos habían entrado con más de ochocientos efectivos, y que eran lo único que había quedado. Entre el jaleo que hacían los savaranos al tomar posiciones defensivas pudo ver cómo Khur y Enoch discutían acaloradamente, un operario de comunicaciones les interrumpió para comunicarle algo al coronel, tras la pausa, el visioingeniero se retiró pesadamente hacia la parte delantera de la sala, donde se puso a trastear con varias terminales. Fue hacia el coronel. 

- Señor. Nos preparamos ante el inminente ataque alienígena, al a parecer la situación es similar al enfrentamiento que tuvimos en la entrada, estamos bien pertrechados y el enemigo solo puede atacarnos por una dirección.

- Bien, aparte varios pelotones de la línea frontal y forme una segunda línea defensiva. Son genestealers, nunca se sabe que va a pasar con ellos. 

- Bien, así se hará. Señor. ¿Qué ha pasado con Enoch? - Khur suspiró.

- Ya te lo puedes imaginar, estamos en el centro de mando de esta nave, no ha podido aguantarse. Esperemos que haga algo que nos ayude, la división de Gotar está siendo atacada en la cabeza de puente, les están conteniendo bien, pero no van a llegarnos refuerzos.

Sala de máquinas. Punto Alfa Secunda. Crucero. 

Una bala rebotó en las pequeñas placas de ceramita de la armadura de Seleuco, la ignoró, siguió disparando al enemigo. La sala era gargantuesca, con gigantescos motores a sus lados, los cuales habían sido apagados hacía eones; turbinas y otros dispositivos fijos se repartían por su superficie. En el centro, rodeado por el enemigo había lo que en otros tiempos era el motor principal, ahora estaba recubierto por una grotesca construcción de carne corrompida que supuraba pus por varias aperturas, de ella se extendían numerosos zarcillos que se internaban en la estructura de la nave. Junto a ella varios astartes de los Guerreros de Hierro se afanaban en despertarla, solo uno de ellos estaba apartado, protegido por una antiquísima armadura de exterminador dirigía a los numerosos Mechakirs que los rodeaban y protegían del doble ataque que sufrían. 

El comisario pudo ver como ellos seguían sin ser el principal foco de atención, los herejes artificiales habían formado un cuadrado defensivo alrededor de sus blindados amos, desde el cual repelían a la marea de xenos que se les echaba encima. Pudo reconocer a los que llegaban desde los flancos, eran los tiránidos que habían visto antes, los otros eran rápidas figuras oscuras que se dejaban caer desde el techo y mataban a zarpazos tanto a las tropas del caos como a los otros aliens. Los savaranos mantenían un fuego constante sobre los enemigos causándoles numerosas bajas, sin embargo por muchos que cayeran no lograban dispersar su apretado bloque. 

Seleuco siguió animando a los hombres, a su derecha estaban varios pelotones dirigidos por Cinnamus, a su izquierda el resto con Volog a su cabeza; él estaba en la posición central junto a todos los equipos de armas pesadas que había reunido tras entrar en la sala y empezar a recibir un aluvión de disparos enemigos. Los Mechakirs no eran grandes tiradores, pero su constancia empezaba a hacer mella en sus fuerzas, las cuales tenían que cubrirse tras las pequeñas máquinas de la sala. El exterminador enemigo ignoraba el fuego láser que desmontaba en sanguinolentos pedazos a sus soldados, se centraba en destrozar a los xenos que se acercaban demasiado con sus cuchillas relámpago. Las pocas veces que abrió fuego con los bólters que estas llevaban acoplados encima fue sobre los guardias imperiales, que si no se protegían tras cobertura, caían descuartizados por los proyectiles explosivos. 

Warfet ardía de rabia en su interior, estaba al lado del teniente Parham, en la formación del centro, disparando con su recalentada pistola infierno a cualquier hereje que se le ponía a tiro. Los poderes de la ruina torturaban a aquella reliquia del pasado, casi podía sentir el dolor de su Espíritu de la Máquina, luchaba en una batalla perdida contra el ser de la disformidad que la plagaba. Aquella aberración ya había ganado el poco terreno necesario para hacer de aquella nave, algo tan herético como inservible, debía ser destruida, una vez liberada de su agonía estaría en paz. Su mirada se cruzó en la lejanía con la del marine caótico que dirigía a aquella chusma, el muy bastardo lo reconoció como un siervo del Adeptus de Marte y emitió una carcajada que se pudo oír por encima del estruendo. Le respondió enseñándole el dedo corazón. Ya veríamos quien ríe el último…

Los hombres caían, muchos morían, más eran heridos y apartados por sus compañeros. Seleuco había dado orden de no disparar hasta que todos los equipos de armas pesadas estuvieran listos, lo cual no era fácil durante el intercambio de fuego. Varios hombres arrastraban pesadas placas de chapa arrancadas directamente de las máquinas de la sala para proporcionar con ellas cobijo a los operarios de estas armas. Había hecho venir a todos los operarios posibles, debía acumular suficiente potencia de fuego como para lanzar un ataque que sobrecargase el motor central, que empezaba a acumular energía con la que despertar al demonio que le poseía. Esperaba que la cortina de fuego desplegada por Volog y Cinnamus no permitiese al enemigo darse cuenta de lo que planeaban, un contraataque sería catastrófico en ese momento.

Parham se acercó al comisario, abriendo fuego con su rifle hacia el enemigo mientras este metía otro cargador en su pistola, no podían mantener eternamente esa posición, si seguían así los iban a diezmar poco a poco, o peor, la el demonio despertaría y estarían perdidos. Tras disparar unas ráfagas más, hizo un gesto señalando que todas las dotaciones estaban listas para disparar. Seleuco asintió serio, envió mensajes de aviso al mayor y al capitán. Volog se apresuró a dar órdenes por la radio.

- Cinnamus, comienza a retirarte con tus hombres ahora mismo. Seleuco, dispara cuando hayan partido y retírate también.

- ¿Y vosotros? 

- Nosotros os cubriremos y formaremos la retaguardia. ¡Vamos! - Todos asintieron. 

- Mayor. No haga ninguna tontería, tiene muchos hombres a su cargo. -Hubo unos instantes de silencio de radio.

- No se preocupe Comisario, con que esos herejes se quemen vivos aquí dentro me conformo. 

Seleuco asintió para sí, el mayor se estaba conteniendo, eso era bueno. Los pelotones de Cinnamus salieron de la sala tras crear una pantalla protectora con granadas de humo. 

El exterminador del caos se paró en seco mientras estrangulaba a un genestealer con una de las enormes botas de su armadura. Gracias a la tecnología de su casco pudo ignorar el humo y ver como los guardias imperiales se retiraban de forma escalonada, los de un lado mantenían la posición y los del centro comenzaron a moverse, cuando se dio cuenta de lo que escondían estos últimos levantó sus dos brazos abriendo fuego con todo lo que tenía. Un comisario se alzó estoicamente entre los proyectiles de bólter y las balas que silbaban a su alrededor, apuntó con su pistola hacia ellos gritando algo que no le gustó nada. 

- ¡Disparar una salva!

Los cañones automáticos rugieron, los bólters pesados gruñeron, los cañones láser pitaron, y todos ellos fueron coreados por el silbido de los lanzamisiles, el ruido de vacío de los lanzagranadas, y los siseos de las armas de plasma o de fusión. Toda aquella descarga de potencial bélico que podía haber derribado con facilidad un gran rascacielos de un mundo en desarrollo, impactó sobre el motor principal, arrancando de cuajo la carne demoniaca que lo recubría. Trozos de metal incandescente saltaron por los aires junto a masas de metal fundido causando una verdadera escabechina entre herejes y xenos. El propio demonio, casi despierto por una cuchillada de dolor lacerante gritó a través de una docena de dentudas bocas que surgieron de su deforme cuerpo. La energía pasó de acumularse a desparramarse causando varias explosiones secundarias que esparcían aún más la hecatombe que habían provocado. 

Los operarios de las armas pesadas agarraron sus equipos como pudieron y comenzaron a correr hacia la salida mientras Seleuco y Parham les metían prisa. Antes de acompañarlos, Warfet se subió sobre un montón de chatarra para agitar su hacha sobre la cabeza al mismo tiempo que entonaba una letanía de purificación. Apenas pudo acabarla antes de retirarse, las aún ampliamente numerosas tropas del caos comenzaron a dirigirse hacia ellos con los marines de los Guerreros de Hierro en el fondo. El fuego que empezó a llegar hasta sus posiciones casi competía en estruendo con las detonaciones de la estructura y los bramidos de agonía del habitante de la disformidad. 

Volog posicionó a sus hombres en las mal preparadas protecciones que acababan de dejar atrás los soldados que iban con Seleuco. Un soldado que disparaba a su lado cayó de forma laxa cuando una bala le entró por un ojo, otro aulló de dolor al perder media mano por la explosión de un proyectil de bólter. Si tuviera más hombres saldría a su encuentro con la bayoneta calada, derribarían con su peso a aquellos titanes acorazados y desmembrarían a sus asquerosas marionetas pieza a pieza. Pero no podía. Apretó los dientes de pura rabia. Algunos hombres ya no tenían munición laser y  habían recurrido a los Sariss, era el momento de escapar de allí. Dio órdenes de que los que pudieran dejasen algún explosivo, esperó unos odiosos instantes más, dio la disposición de retirada. 

Puente de mando. Punto Beta Secunda. Acorazado.
 
Arsacis apretó el último nudo de su cabestrillo mientras hacía una mueca de dolor, las heridas parecían haber dejado de sangrar, aunque no se sabía, aguantó la respiración mientras se quitaba la máscara de gas un momento para tomar un puñado de calmantes y coagulantes. Las dos líneas de combate ya habían sido conformadas, Khur le había destinado a la segunda, no era una deshonra, ya que no le costó nada cederle el honor de estar en primera línea a Mitrídates. Se subió a un monitor con la esperanza de que Enoch no le viera, apoyó su fusil Sariss sobre un saliente, levantó el mecanismo de cerrojo para ver si la bala estaba en su sitio, lo bajó con su característico chasquido y esperó a que el enemigo se decidiera a aparecer de nuevo.

Los soldados aguardaban impacientes con las bayonetas caladas formando una delgada línea flanqueada por las dotaciones de armas pesadas. Los pocos Coraceros que no se habían retirado a la zona de los heridos se posicionaron en dos de las balconadas que recorrían la enorme cristalera que tenían sobre sus cabezas, sus variopintos uniformes y sus armas modificadas contrastaban mucho si se las comparaba con la rígida parafernalia de los savaranos. La noticia de que las posiciones de Gotar estaban siendo asediadas había dejado un mal gusto de boca general, sabían que era muy difícil que cayeran, además de verse apurados podían pedir refuerzos a la Lanza de Hierro, pero eso significaba que había más genestealers de los que habían imaginado. 

Khur estaba junto a Halls y a Mitrídates en la primera línea, justo delante del pórtico por el que habían entrado, el comisario arengaba a las tropas mientras que el capitán preguntaba a los hombres cercanos el estado de sus pelotones. Mientras esperaban, el coronel se permitió mirar por la cristalera la batalla espacial que se daba fuera de la nave. Desde la lejanía, los cruceros imperiales habían recuperado lentamente la iniciativa, forzando a la flota del Caos a cerrar filas, intercambiando constante salvas de disparos. Por un instante pudo ver como varios cruceros imperiales retrocedían ante un ataque de numerosas fragatas herejes apoyadas por una horrorosa nave demoniaca de grandes dimensiones. Entonces fue cuando actuó lo que había extrañado mientras observaba los combates. La Lanza de Hierro Abrió fuego con sus armas de largo alcance, abrasando al feo apoyo de las fragatas, las cuales tuvieron que realizar una maniobra evasiva desesperada para evadir la venganza de los cruceros. 

Sacudió la cabeza ligeramente para salir de su ensimismamiento, sopesó sus armas e hizo un par de aspavientos con su espada, la energía crepitó al cortar el aire. Todos estaban en su puestos, nadie hacía ningún ruido, solo los quejidos de los heridos del fondo rompían esa calma tensa. Aquello era una señal que no le gustaba a nadie, comenzaron a escuchar rugidos, cada vez más numerosos, los tiránidos venían, y en gran número.

Ya llegan...

Los primeros que entraron por la puerta tenían la boca llena de flagelos, emitían un extraño zumbido mientras sus cuerpos cambiaban para generar apéndices llenos de ganchudas garras o largas cuchillas con las que matar a los guardias. Rápidamente los soldados respondieron abriendo fuego. Los disparos láser agujereaban los cuerpos de los xenos que caían al suelo desangrándose entre bufidos de rabia, los proyectiles bólter habían su trabajo reventando torsos y extremidades, las descargas de fusión y plasma fundían caparazones con sus dueños dentro. Estos genestealers, más rápidos que los normales, llegaron pronto a las líneas de los soldados de la guardia, los que sobrevivieron a las descargas de los lanzallamas se abalanzaron sobre los savaranos, entrando en un brutal cuerpo a cuerpo en el que los humanos derribaban a esas abominaciones cambiantes a base de cuantiosos bayonetazos y disparos a quemarropa, tanto de láser como de armas cortas. 

Varios hombres morían con brazos cercenados o torsos apuñalados antes de que solo uno de esos monstruos cayese cuerpo a cuerpo. Khur disparaba sin cesar, rematando a los xenos con su espada cuando estos se acercaban mucho, a su lado Halls hacía lo propio con su ensangrentado puño de combate, y Mitrítates gastaba un cargador tras otro de su rifle láser. El coronel se dio cuenta de que la línea comenzaba a flaquear, detrás de estos extraños tiránidos a los que apenas mantenían a raya llegaban oleadas constantes de genestealers como los que habían visto antes, dio orden de retroceder poco a poco mientras se cubrían unos a otros. Era una maniobra desesperada, pero si se llevaba con orden podían entroncar sus fuerzas con la segunda línea. Un soldado situado más delante de lo que debía, vio como un alien se le echaba encima, en vez de dispararle tiró su arma hacia un lado y corrió en dirección contraria, algunos hombres comenzaron a mirar a los lados desconcertados, como si temiesen que el resto fuese a imitar a su compañero. Sus pretensiones no llegaron muy dejos, Halls se interpuso entre el savarano y la línea, frenando al soldado en seco dándole un tiro en la frente, después lanzó al genestealer más cercano varios metros atrás de un contundente puñetazo.

- ¡Mantener la línea! ¡Morir sirviendo al Emperador!

Los soldados se conservaron firmes ante aquella muestra brutal de disciplina, a Khur no le gustaban ese tipo de castigos, pero debía de hacerse, había reconocido al soldado cuando se dio la vuelta para huir, era uno de los nuevos reclutas, su muerte como un cobarde aleccionaría a los demás. Halls se reunió con él en el centro de la formación, retrocedían con los xenos muriendo demasiado cerca de ellos. 

La distancia que separaba ambas líneas de defensa se hizo eterna para Khur, una vez llegaron el avance genestealer fue frenado por la segunda línea, que se pudo delante de la primera para que se recuperara. Rápidamente, al igual que Halls y Mitrídates, se posicionó junto a Arsacis, al frente de la segunda línea defensiva. El coronel dio la orden de avanzar de nuevo, poco a poco los savaranos comenzaron a andar hacia delante muy juntos los unos a los otros, disparando con sus armas a la masa alienígena que se abalanzaba contra ellos dejando en el suelo lleno de sus aberrantes cadáveres. Desde arriba llegaban constantes salvas de los coraceros, para ser tan desordenados sabían bien lo que hacían.

Iban bien, habían tenido que retroceder ente el empuje enemigo, habían evitado el cuerpo a cuerpo a gran escala y los estaban conteniendo, el número de xenos comenzaba a menguar, en algunos puntos los genestealers tenían que escalar montículos de cadáveres de los de su propia especie, podían conseguirlo. Un chillido de lo más inhumano inundó la sala, entonces apareció al fondo, mucho más voluminoso que los otros xenos, casi tan alto como un Leman Russ. Un Líder de Progenie.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Savaranos de Catafractaria. "Los horrores del vacío".



Cabeza de puente Alfa Prima. Crucero. 

El soldado Jisum oteaba el fondo del pasillo con su rifle láser a través de una de las troneras, de fondo podía oír los susurros de los demás soldados mientras esperaban nerviosos noticias de la compañía de Cinnamus. Había podido escuchar a un cercano vocooperador hablar con el capitán Zoroaster, al parecer habían avistado numerosos xenos, pero los contactos eran mínimos. Algo se movió en una esquina al fondo del corredor, pensaba que era un saliente de la pared, sin embargo, se había desplazado, como si desde esa nueva posición pudiera ver mejor la sala en la que estaban los guardias imperiales. Se quedó helado, aquella cosa llevaba observándolos desde que los otros habían salido. Ahora otras cuantas aparecían detrás de esta, eran figuras extrañamente borrosas y oscuras. Apuntó con su arma, esperó unos instantes, justo cuando iba a avisar llegaron gritos desde las otras dos barricadas.

- ¡Contacto! ¡Contacto! ¡Ataque alienígena!

El teniente Syrus se encontraba junto a Zoroaster cuando vio como comenzaba el ataque simultáneo a las tres entradas que defendían. Eran los otros xenos detectados junto a los tiránidos; disponían de una estatura alta, y se movían con una rapidez pasmosa, saltando de un lado a otro buscando cobertura ante el fuego desplegado por los pelotones que hacían guardia en las puertas. Otros, suponía que de la misma especie, se lanzaban hacia delante emitiendo chillidos rasposos que ponían los pelos de la nuca de punta. Cuando eran abatidos caían revolviéndose en el suelo como si estuvieran sufriendo de una forma atroz, pasando después a disolverse llenando el aire de vapores corrosivos. 

Uno logró llegar a las posiciones de los guardias, cayó estrepitosamente sobre cuatro hombres, matando a dos en el acto con sus garras, lanzando a otro varios metros hacia atrás, enzarzándose con el último en un terrible cuerpo a cuerpo en el que el guardia interponía su arma entre los rápidos zarpazos de la bestia. El teniente y los soldados que estaban alrededor no se lo pensaron, se abalanzaron sobre el alien son las bayonetas por delante. En un brutal choque de acero contra carne empotraron al enemigo contra la barricada en la que el resto de guardias seguía disparando desesperadamente a los que se acercaban. A pesar de las cuchilladas que recibía una y otra vez el xeno se negaba a morir, defendiéndose con sus ensangrentadas zarpas, hiriendo a otros dos soldados, uno de los cuales cayó inconsciente al suelo con la cara destrozada. 

Syrus tenía a esa cosa delante, le había sacado las tripas solo con sus bayonetazos, se temió por un instante que la bestia ganase suficiente tiempo para qué sus compañeros pudieran llegar a sus posiciones y masacrarlos. Una figura escuálida se escurrió por su derecha, era el capitán, el cual hizo rugir su espada sierra mientras partía al monstruo en dos mitades con un corte recto desde lo que se suponía que eran el hombro y la cadera del alien. Apartó una de las partes hacia un lado mientras se disolvía; empujó a la otra hacia fuera de la barricada con la puntera de la bota mientras se ponía tranquilamente la máscara de gas. Muchos le imitaron. 

-¡Señor, se acerca otra oleada!

- Ya habéis visto lo que hace una de esas cosas. - Zoroaster alzó la voz para que todos pudieran oírle a través de los aparatos de comunicaciones.- Todos los pelotones defender las entradas, fuego a discreción. ¡Nikka! ¡Saryu! A retaguardia, preparar a vuestros hombres para una contracarga por si superan el perímetro. 

Pocas veces levantaba la voz el capitán. Todos asintieron con un grito grave. Desde lo lejos llegaron más aullidos alienígenas. 

Corredores del Acorazado. 

Khur mató a otro genestealer decapitándolo de un golpe limpio, corría apresuradamente junto a sus hombres, los mensajes de choques con el enemigo llegaban alocadamente desde los trasmisores de comunicaciones. Se apartó para esquivar un zarpazo de un nuevo alien que surgió desde un boquete en un lateral del pasillo, apuntó con su pistola a la cara, pero en un odioso instante se dio cuenta de que se le había acabado el cargador. Se giró para evitar un nuevo envite, pero no hizo falta, la bocacha del arma del soldado Frezz apreció por encima hundiendo su bayoneta en la garganta del genertealer, que cayó ahogándose con su propia sangre. 

- ¡Ya falta poco! – Tras gritar esto miró a Enoch que le contestó un sí que parecía más un gruñido que una palabra. 

El coronel siguió corriendo, dejó atrás esa sección, no le hizo falta girarse para saber que un soldado había metido una granada en el agujero matando a los xenos que iban a salir por este. La onda explosiva provocó un efecto vacio, haciendo salir fuego y entrañas alienígenas como si se tratase de un sumidero atascado. Los chillidos hostiles se mezclaban con los gritos de los hombres que luchaban disparando a quemarropa para abrirse paso. 

Halls apartó de un empujón al soldado Urak de una muerte segura a manos de un inmundo xeno; el genestealer se volvió hacia él lleno de rabia, enseñando sus afilados dientes con una sonrisa amenazadora. El comisario no lo dudó ni un instante, cerró su puño de combate e incrustó la cabeza del alien en su pecho de un potente golpe. Ya era del quinto enemigo que aplastaba, le estaba empezando a doler el hombro. Continuó avanzando con su pistola laser por delante, animando a los hombres, disparando a todo tiránido que se le ponía por delante. Estaba orgulloso de los soldados, se mantenían estoicos ante el horror que les echaba encima. Todos luchaban a muerte, no solo por sus vidas, sino por eliminar la presencia enemiga de aquella reliquia del pasado.
Genestealer.

Sintió que algo se chocaba en uno de sus hombros, se preparó para golpear violentamente a la nueva amenaza, pero se frenó en el último instante, era Arsacis, tenía un brazo ensangrentado colgando de un cabestrillo mal improvisado, aún así se las apañaba para disparar su rifle desde la cadera en fuego semiautomático. Se pararon un instante en medio del pasillo junto a la cobertura de un par de soldados equipados con un bólter pesado. Apenas tuvieron tiempo de montar el arma, debiendo abrir fuego con ella; los casquillos de bólter se mezclaron rápidamente con la viciada sangre alienígena.

- Halls, debemos buscar a los supervivientes de las fuerza locales.

- ¡No podemos! Mira a tu alrededor, si nosotros lo estamos pasando mal, imagínate lo que les habrá pasado a los soldados de este sistema. - Justo cuando decía esto dos savaranos ayudaban a un compañero llevándolo en volandas en una camilla improvisada con sus fusiles, un xeno casi le había arrancado un pie de un mordisco.

El mayor asintió con gravedad, miró hacia el frente y siguió corriendo junto a los demás. Halls se quedó unos instantes más machacando  con su puño de energía a un genestealer que trataba de acabar con los operadores del bólter pesado mientras estos recogían su arma. 

Pasillos del Crucero. 

El capitán Cinnamus miraba con preocupación el auxpex que sujetaba con una de sus manos, en la otra llevaba una de sus dos pistolas automáticas. No quedaba mucho para llegar a la sala de motores de la nave y aún no se habían encontrado con ninguna resistencia. Llegaban sonidos de batalla no muy lejos, no podía determinar de qué eran exactamente, pero al igual que todos, podía intuir que las fuerzas del caos se estaban enfrentando a los tiránidos. El retumbar de las explosiones se mezclaba con aullidos xenos. Los tiránidos estaban empeñados en expulsar al archienemigo, tanto, que los estaban ignorando a ellos. Los corredores comenzaban a ensancharse para dejar espacio a aparatosos carriles llenos de polvorientas carretillas, algunas de ellas se habían salido de su camino y tenían que ser saltadas por los soldados. La compañía comenzó a aminorar la marcha, un hedor a podredumbre y muerte llegó hacia ellos de golpe. 

El suelo empezó a estar repleto de cuerpos de genestealers recién muertos, mezclados con ellos estaban sus asesinos. Vistos en la penumbra de la nave, parecían simples herejes armados con subfusiles de munición sólida, sin embargo eran algo mucho más nauseabundo. Warfet agarró un cadáver con uno de sus brazos vendados y lo levantó para que todos pudieran verlo. 

- Lo que nos faltaba, Mechakirs… -Susurró; lanzó el cuerpo con desprecio a los pies de Volog y Seleuco.

El cuerpo, en otros tiempos había sido humano, ahora había sido tan modificado que parecía una macabra marioneta rota. Los brazos y piernas habían sido reemplazados por extremidades artificiales simples, hechas de cables conglomerados con varillas metálicas. En lugar del torso había un amasijo de conductos plásticos y herrumbrosos engranajes cobrizos, manchados de aceite mezclada con sangre fermentada. El cuello y la cabeza era de la misma mixtura que las otras extremidades. Carecían de rostro, en su lugar tenían una placa que metal liso con los ranuras para los ojos, carentes de vida incluso cuando estaban activos. Las máscaras estaban pintarrajeadas con dibujos escabrosos que hacían daño a la vista. Sin embargo todas ellas portaban un distintivo en el lugar dónde debía estar la boca, una pequeña calavera de color gris mate. El símbolo de los Guerreros de Hierro.

Eran una de las muchas fuerzas auxiliares de las que se ayudaba esta legión traidora, sin embargo esta era “fabricada” en varios mundos en los que los Astartes perjuros tenían presencia. A partir del cuerpo de un hereje, mediante un proceso horriblemente abyecto, se manufacturaba un soldado prácticamente artificial, totalmente leal, casi carente de cualquier sentimiento y que cumplirá a raja tabla cualquier orden que se le dé. Los informes que se tienen de este tipo de enemigo han demostrado sus éxitos arrasando varios mundos imperiales como una nutrida fuerza de asalto.

- ¿Es muy grave? – La pregunta de Seleuco rompió el nerviosismo del momento. 

- No. No mucho. –Warfet parecía enfurecer por momentos.- Pero no son como cualquier tropa hereje, es prácticamente imposible desmoralizarles, nunca retroceden. 

- ¿Debilidades?

- No tienen ninguna preocupación por sus vidas, son prácticamente autómatas. Por lo que se sabe, avanzan contra el enemigo de forma impasible, no buscan cobertura… ¡Sacrílegos! - El visioingeniero se limpió asqueado la mano con la túnica- ¡El Deus Mechanicus no perdonará esto! Mancillan al mismo tiempo carne y máquina.

- Bien. - El comisario miró a Volog.- Mayor, vamos a llegar a la zona en la que el enemigo combate entre sí, prepare a sus hombres para el fregado. 

Acorazado. Nido. Centro neurálgico. 

Nuevo enemigo. Más presas humanas detectadas. Peligrosidad probada. Primera ola perdida. Armadura normal, fácil de romper. Armas peligrosas, más daño que los otros. Posible contacto con los que quedan por asimilar. Movilizar más genestealers. Interceptar camino. Fuerte cohesión. Más emboscadas. Preparando nuevas aglomeraciones. Más peso. Más fuerza. Más rapidez. 
Peligrosidad aumentando. Enemigo conoce puntos débiles. Avanza por el coto. Movilizar más genestealers. Enemigo débil cuerpo a cuerpo. Número por comprobar. Necesidad de acorralar.

Pérdida de demasiada materia. Evidenciar con enemigos recientes. Líderes fuertes. Potencial cuerpo a cuerpo detectado. Ligeramente inferior al de enemigos oscuros. Despertar al Líder. Solucionar problema de nuevo. Eliminación de líderes. Pérdida de moral enemiga. Asolar enemigo que huye. Devorar restos. 

Cerca del puente de mando. Punto Beta Secunda. Acorazado.

Mitrídates lanzó un juramento en alto mientras destripaba a otro alien. Los intestinos de su enemigo le cayeron sobre los antebrazos y las manos. Pudo sentir el calor de la viscosa sangre del monstruo. Levantó la espada sierra para hacerles una señal a los soldados que estaban con él en la cabeza de la columna, Khur y Enoch, se pegaron a las paredes instintivamente. Todos vaciaron sus cargadores sobre la horda que se abalanzaba sobre ellos. Muchos cayeron acribillados. Cuando los primeros agotaron su munición se movieron marcialmente siendo sustituidos por otra línea de tiradores que acabó con los que quedaban. Miró al visioingeniero. 

- ¡Falta poco! ¡Unos pasillos más!

Asintió. Estaban perdiendo hombres, no muchos, pero todos eran valiosos. Podían llegar, pero los genetealer estaban empezando a aparecer en cantidades mayores, como lanzasen ahora una oleada como la que repelieron al entrar, los iban a aplastar. Corrió hacia delante con el Coronel y los demás no sin acribillar con su pistola láser la cara un enemigo agónico que levantaba una de sus garras para intentar inútilmente alcanzar a alguno de ellos. 

Arsacis metió otro cargador en su rifle al mismo tiempo que Halls y otro soldado le cubrían. Tenía los guantes resbaladizos por su propia sangre. El zarpazo que había desviado con el brazo que llevaba inutilizado contra el pecho había sido más profundo de lo que se esperaba, pudo ver como la venda goteaba. Normal. Con tanto traqueteo la herida no tenía tiempo de cerrarse. El soldado que estaba junto al comisario fue lanzado contra la pared por un genestealaer que parecía cambiar de perfil constantemente. Alzó el rifle, no tuvo tiempo de disparar, Halls arrancó la cabeza del xeno con un fuerte tirón de su puño de combate, pudo oírle gruñir, aunque supuso que era más de rabia que de dolor. Un sargento al que no pudo identificar recogió al soldado inconsciente tras realizarle una apresurada maniobra cárdiorespiratoria, después comenzó a llevárselo a cuestas.

Pudo ver como Halls persuadía a los hombres de ir más rápido. La formación no podía romperse. Recibió una trasmisión desde la cabeza de la columna. 

- Estamos llegando. Acelerar el paso. Repito. Acelerar el paso. Prepararos para el combate. 

Khur entró a la carrera en el corredor de la entrada al puente de mando. El suelo estaba lleno de cadáveres de aliens acribillados a disparos, la sangre fluía lentamente formando charcos lóbregos en el suelo, sin embargo no estaban solos. Un buen número de cadáveres humanos les hacía macabra compañía, eran los restos de las tropas que habían intentado entrar en la nave. Yacían muertos en posturas que solo la muerte podía forzar en el cuerpo humano, doblados, destripados y desmembrados, habían muerto en una loca retirada hacia delante mientras cientos de genestealers hacían lo que querían con ellos. Eran hombres y mujeres muy variados, con constituciones muy dispares, pero con rostros curtidos fruto de una vida que ya era dura antes del servicio militar. 

Su equipo era el estándar de la guardia, con ropa militar oscura, un chaleco anti-fragmentación y el casco estándar de estilo cadiano. Aunque hasta ahí iban las similitudes, pues cada uno había personalizado su equipo como le había venido en gana, hombreras con pinchos, faldones de escamas, brazales blindados, mirillas especializadas, gafas de todos los tipos, rifles laser modificados, armas de munición sólida locales e importadas, de todo, ni siquiera había dos bayonetas iguales. Incluso los que parecían oficiales se saltaban las reglas mínimas de cohesión, uno que debía ser un miembro de una escuadra de veteranos reposaba muerto en el suelo bajo un genestealer partido por la mitad con el último disparo de su arma, una tosca escopeta recortada de dos cañones. El coronel aparcó durante unos instantes la pena que sentía por aquellos soldados caídos, su mentalidad de soldado le sorprendió con un pensamiento demasiado racional para la aquella situación: menuda falta de disciplina. 

Entró junto a Enoch y los primeros soldados en el puente de mando. La sala era enorme, casi igual de grande que la que habían utilizado como cabeza de puente, una gigantesca cristalera blindada, surcada por balconadas ligeras, cubría el techo, el frente y los laterales. El espacio que los rodeaba seguía iluminado con las explosiones de la batalla espacial que se daba mientras ellos estaban ahí. Innumerables paneles formaban pasillos hasta llegar a una altura coronada por un colosal trono que miraba hacia delante. El piso estaba igual que el pasillo, pero los cuerpos dejaban de aparecer hacia la mitad de la sala. 

Llegaron varias ráfagas de disparos desde el frente, Khur frenó en seco junto a sus soldados, lanzó un alarido de cólera pura. Apuntó hacia delante con su pistola bólter. 

Sala de máquinas. Punto Alfa Secunda. Crucero. 

Volog se preparaba para el ataque con poco más de quinientos pares de botas esperando a su espalda. La mirada fija al frente, con las imágenes de los ojos vacios de las creaciones del caos retumbando en su mente; merecían morir, todos y cada uno de ellos. Estaba al frente de la columna, con Cinnamus, Seleuco y Warfet, todos tenían sus armas preparadas para el combate. Tan solo había que esperar unos minutos más, unos eternos instantes en los que la sección de la sargento Zuleika volviera de explorar y les entregase un informe sobre las posiciones del enemigo. No estaban muy lejos de la sala de máquinas, podía oír la lucha que se daba en ella. 

Varias linternas se encendieron en la oscuridad, precedidas de una petición de permiso por radio para acercarse. Era Zuleika. No habían tardado mucho, llegaban corriendo, eso no era bueno. La sargento dejó atrás a sus hombres, que se apoyaban en las rodillas para tomar aire o se sentaban en el suelo directamente, se dirigió directamente hacia los mandos, tenía la respiración entrecortada. Seleuco se adelantó.

- ¿Qué ha visto sargento? - La soldado respiró un par de veces más antes de empezar a hablar. - ¿Zuleika?

- La sala de máquinas está tomada, el enemigo lucha por tomarla. Hemos diferenciado al menos dos tipos de xenos enemigos entre sí atacando a un nutrido contingente de tropas herejes dirigido por varios marines traidores… 

- ¿De qué Legión? - La pregunta de Warfet sobresaltó a todos. 

- No estoy segura, creo que los mismos que han creado esas abominaciones, eran muy pocos, pero llevaban el mismo símbolo. - El visioingeniero asintió apretando los puños.- Pero eso no es lo peor, hay algo asqueroso pegado a los motores y los reactores, está lleno de simbología caótica. No parece vivo, pero es lo suficiente importante para que los astartes oscuros le presten toda su atención mientras sus muñecos mantienen la posición.  

- Santo Emperador… - Todos se volvieron hacia Warfet, este tras ver como Seleuco asentía con la cabeza dijo lo que todos se temían- Un demonio… Una posesión demoniaca; por eso han venido ellos hasta aquí, van a despertar a la bestia de la disformidad para que maneje esta sagrada huella del pasado por ellos. Como pueda disparar su arma principal van a barrer nuestra flota.

- ¿Qué hacemos? Ya no se puede recuperar ni limpiar. - Durante unos segundos reinó el silencio. La voz de Warfet lo quebró.

- Debemos destruirla. Algo así no puede caer en sus manos. Hay que acabar con la agonía con que esos monstruos someten a su Espíritu de la Máquina… - En otras circunstancias la sorpresa habría sido generalizada, pero era la única solución. El mayor fue el siguiente en hablar.

- Entraremos en la estancia, abriremos fuego con nuestras armas pesadas contra los motores de disformidad, deberíamos provocar una reacción en cadena que haga explotar todo. Cinnamus, prepara una ruta de escape aprovechando el camino que hemos recorrido. Seleuco, mantén a los hombres en su sitio el tiempo suficiente para que cubran a los operarios de las armas pesadas, ya sabes, recuérdales que es mejor morir por el Emperador aquí que ante un pelotón de fusilamiento.

Todos recibieron las órdenes, Volog comenzó a avanzar a paso ligero seguido por todos los demás. Al final del pasillo les esperaba el enemigo. Seleuco encendió un cigarrillo nuevo, Warfet masculló una letanía de disculpa y redención al Omnissiah. Un grito del mayor resonó por encima de todo el ruido.

- ¡Savaranos! ¡Ya sabéis lo que se puede esperar de esos impíos! ¡El Imperio es la Fe! ¡El Imperio es la fuerza! ¡El Imperio es la humanidad! ¡Y aquí, en el frío metal de una reliquia mancillada! ¿Qué somos?

Todos contestaron lo mismo:

- ¡EL IMPERIO!