martes, 20 de agosto de 2013

Savaranos de Catafractaria. "Primeras órdenes".


Espacio del Sistema Sagkeion Lambda. 

Cerca del planeta Sagkeion.

“Torbellino de acero” era una buena forma con la que resumir lo que estaba ocurriendo en el espacio cercado a Sagkeion Lambda. La flota de naves antiguas había hecho saltar todas las alarmas, pero antes de que las naves de la Flota Imperial comenzasen a movilizarse habían llegado las del caos, y eso había provocado que cundiera el desorden. 

Las baterías de plasma y las torretas laser de ambos bandos comenzaron a escupir muerte. Los escuadrones de cazas surgieron de sus lanzaderas como furiosos enjambres. Las plataformas y las minas de defensa orbital comenzaron a hacer su trabajo como no lo habían hecho en mucho tiempo. 

Las naves imperiales mantuvieron la posición hasta que para responder mejor al fuego enemigo se habían lanzado hacia delante en un asalto desordenado, mezclándose con las naves pre-herejía impactando impetuosamente en las formaciones de las caóticas. Las bajas fueron fuertes, aunque se pudo evitar que fueran catastróficas gracias a una esforzada maniobra de repliegue contestada por los cruceros del caos que rápidamente comenzaron una ofensiva en toda regla. 

El Puñal Férreo, un crucero pesado de los pocos que se habían conservado en la retaguardia, apoyaba al resto de naves con sus cañones Nova de largo alcance. Delante de él se podía apreciar un sinfín de explosiones y disparos cruzados. Aunque sus comunicaciones estaban igual de saturadas que las de los demás, fue de los pocos que pudo permitirse el lujo de leer el mensaje que llegaba desde la disformidad. Sorprendidos, sus astrópatas se dispusieron a reenviarlo al resto de la flota.

“Aquí la Lanza de Hierro, nave de exploración del Adeptus Mechanicus. Hemos recibido sus peticiones de ayuda y nos disponemos a entrar en su espacio. Prepárense.”

Una nueva abertura en el tejido del espacio anunció a los recién llegados. Con casi once kilómetros de largo y tres en su parte más ancha, la Lanza de Hierro asombró a todos aquellos que le vieron entrar en escena. Al mismo tiempo que activaba sus escudos de energía, el gigantesco leviatán rojo del Mechanicus se encaró lentamente a la batalla espacial que se daba cerca del planeta. Su llegada hizo que el grueso de las fuerzas herejes cerrara filas en el flanco derecho de la batalla, no les interesaba exponerse demasiado, seguían contando con la ventaja del número, pero sabían el potencial de una nave de esa clase. 

Aún estaba algo lejos de la acción, pero con sus motores a plena potencia la Lanza de Hierro se dirigió hacia el combate disparando sus lanzas dorsales, haciendo explotar varios destructores enemigos. 

Hangar de tropas E-15.

Un revuelo de voces resonaba en el alto techo de la ciclópea sala en la que los savaranos esperaban. Pelotones de soldados marchaban con su equipo hacia sus puestos asignados, otros portaban cajas con material para abastecerse, el resto, ya preparado, esperaba de pies configurando su orden de batalla. Grupos de civiles se mezclaban con los soldados intentando no estorbar, pues estos eran sus amigos y familiares. 

Khur Frates atravesaba la sala a paso ligero vadeando las formaciones de ajetreados soldados que le saludaban de forma marcial. Faltaba poco para dejar atrás la división del mayor Arsacis, pudo ver al capitán Mitrídates hablando animadamente con sus hombres mientras acompaña al mayor en una última revista  de las armas. El capitán Gotar se atusaba su espesa barba mientras observaba como cada soldado de su compañía cogía munición de un carrito de metal automático. 

Tras saludar con la mano al teniente Hulja y al sargento Kilin, llegó a las formaciones de la segunda división de su regimiento. El mayor Volog estaba a la cabeza de esta, pudo verle asistiendo a un sacerdote que estaba bendiciendo a todos los soldados con los que se cruzaba. El capitán Cinnamus hablaba tranquilamente con varios civiles entre los que se encontraba su esposa Sitra. El sargento primero Vardad se ejercitaba con su vieja espada sierra para deleite de los hombres de su sección. El sargento Zuleika, una de las pocas mujeres de Catafractaria que los acompañaba y no era civil, hacía que el visioingeniero Luther revisara su rifle laser por enésima vez.

Le llevó un buen rato llegar al final de la sala, allí había una escalera que conducía a una pequeña plataforma en la que le esperaban Enoch y Seleuco. En el centro de esta una mesa mostraba un enorme holograma con la disposición de la batalla hacia la que se dirigía la Lanza de Hierro. A sabiendas de que cientos de ojos observaban como subía aquellos pequeños escalones de metal, levantó su brazo derecho con la mano extendida, pasando a cerrar el puño con fuerza. Esa era la señal, todos los civiles salieron rápidamente de la sala tras despedirse de sus seres queridos y todos los soldados del regimiento se dispusieron a formar, listos para recibir órdenes. Mientras se hacía el silencio, el coronel se encaró a los dos individuos que le acompañaban. Se dirigió a Enoch.

- ¿Qué órdenes hay de arriba?

- Los Magos han decretado que vamos a tomar la iniciativa de la batalla, nuestra nave apoyará a la flota imperial en el flanco izquierdo, desde ahí haremos retroceder a la flota de herejes, es la parte en la que están haciendo menos presión.

- ¿Y eso no tiene nada que ver con esas enormes naves? - Khur señaló en el holograma la parte dónde intervendría el Lanza de Hierro, en ella se podía ver cómo las naves imperiales y las caóticas luchaban alrededor de varias naves pre-herejía de gran tamaño. 

- Ahí es dónde entran ustedes, tomarán las dos naves principales de la agrupación, por suerte, nuestra nave se dispondrá entre ambas durante la lucha y mantendrá allí la posición mientras nuestros aliados retoman la iniciativa.  

Con un gesto de una de sus manos mecánicas, el visioingeniero  jefe hizo salir de sus dedos unos apéndices alargados que tocaron varios botones de la mesa, modificando el holograma para que las dos naves citadas se apartaran del mapa y se pudieran ver en grande, al mismo tiempo de estos surgían pequeños hilos en los que aparecían notas con la poca información que habían obtenido a primera vista. La primera parecía un acorazado, de gran tamaño, aunque era más esbelto que los tipos conocidos, como los Apocalipsis o los Victoria, y su decoración no era del todo imperial, lo que denotaba una antigüedad tremenda. La segunda era mucho más pequeña que la anterior, probablemente un gran crucero de tiempos de la Gran Cruzada, diferenciándose de todas las demás por el monumental cañón que tenía incrustado en un lateral de su estructura, el cual debía ser del Mechanicus, aunque de una manufactura extraña y antigua. 

- Nuestros hombres no están aquí para ocupar naves mohosas y llenas de trastos. - Después de decir esto el gran comisario se apartó el cigarrillo de la boca, esperando una respuesta.

- No estarán solos ahí, las fuerzas de la guardia imperial locales han lanzado varios asaltos a la grande, y han sido repelidos brutalmente por una plaga xeno, posiblemente genestealers.

- Mierda… ¿Y la otra?

- Al parecer está siendo ocupada por los herejes. Deben querer apoderarse de ella por su considerable armamento. ¿Sugerencias?

- Orientaremos una división a cada nave. - El coronel intervino con decisión en la conversación.- Comisario, usted y el mayor Volog asaltarán el crucero con varias compañías, avise al Mayor sobre la importancia de la nave, no queremos que se le valla la mano cuando se ponga a exterminar a esos traidores; Enoch, varias divisiones bajo el mando del Mayor Arsacis y yo asaltaremos el acorazado. - Miró al visioingeniero.- No quiero perder hombres a lo tonto, acabaremos con todos los enemigos que nos encontremos, pero después tus juguetes harán una limpieza exhausta. Nada de sorpresas.

- Entendido coronel, la Legio Cibernética acabará con cualquier cosa que sobreviva a sus guardias imperiales.

- Bien. Seleuco, comunica las órdenes a los hombres y que se hagan todos los preparativos. Que el resto de compañías se mantengan alerta y en la reserva.

- Así se hará.

Espacio del Sistema Sagkeion Lambda. Batalla espacial en torno al planeta Sagkeion.

La Lanza de Hierro atravesaba las formaciones enemigas abatiéndolas con sus lanzas delanteras y sus baterías de estribor, dejando un rastro de naves destruidas que explotaban en el frío vacio espacial. Sus escudos aguantaban bien, descargas de plasma y láser se estrellaban contra ellos dando origen a fuertes relámpagos de energía refulgente. Las naves de la flota imperial se alineaban junto al gigante rojo del Mechanicus, aportando su fuego a la batalla, algunas caían varadas en el espacio ardiendo en su interior, soltando una infinidad de cápsulas de salvamento, otras se enfrascaban en crudos abordajes contra las tropas del enemigo. 

Las naves del caos retrocedían ante esta nueva ofensiva, aún así se negaban a ceder el terreno con facilidad, muchas de ellas abrían un severo fuego de supresión que impedía a las fuerzas imperiales maximizar los daños a sus enemigos. Una combinación de varias lanzas de energía corrompida logró atravesar los escudos de la colosal nave del Mechanicus, impactando de lleno en el morro, haciendo que buena parte de la estructura de la nave temblara. Como respuesta, el Lanza de Hierro concentró su fuego sobre su ofensora, una monstruosidad verde que llena de tentáculos con los que tenía agarradas a varias naves imperiales a las que se disponía a destruir con sus baterías laterales. Los proyectiles saturaron sus escudos, haciendo que explotara de dentro hacia fuera, liberando a los aliados imperiales, obligando a las naves enemigas a retroceder más aún. 

Poco a poco iban recuperando el terreno. Ya internada en plena batalla, el Lanza de Hierro se posicionó entre las dos naves deseadas, barriendo con sus armas delanteras la formación de destructores herejes que estaba abordando el crucero que los Magos deseaban tomar. Rápidamente se enviaron mensajes a las naves imperiales circundantes.

“Lanza de Hierro al habla, el flanco izquierdo está casi asegurado, que todas las naves avancen hacia el centro de la batalla y hagan presión sobre el enemigo. Nosotros les apoyaremos desde esta posición.”

Un sinfín de respuestas y quejas de todo tipo llegaron a los astrópatas de la Lanza de Hierro. La mayoría de las naves hicieron caso de la orden, las comunicaciones con el alto mando estaban saturadas, y estas eran las primeras instrucciones que recibían de forma clara. Además, el poderío demostrado minutos antes había hecho que ganasen confianza. El resto, mantuvieron la posición para realizar reparaciones de emergencia o retrocedieron para rematar a las naves enemigas que quedaban flotando detrás de ellos. 

Una vez estabilizada, la Lanza de Hierro comenzó a abrir fuego de largo alcance para cumplir su promesa con la flota imperial que se lanzaba al combate de nuevo. Por otro lado, en su interior cientos de servidores y adeptos preparaban naves de asalto con las que entrar en el acorazado y el crucero pre-herejía. Los escáneres realizaban un barrido tras otro, profundizando todo lo posible en sus objetivos. El acorazado tenía clavadas en su casco numerosas cápsulas de abordaje, todas ellas eran imperiales, al parecer algún almirante de la flota había intentado tomar la nave, sin embargo los informes desvelaban que las tropas imperiales habían entrado profundamente en la estructura, pero habían sido aniquiladas por sus ocupantes xenos. Quedaban algunos focos de resistencia atrincherados en las salas superiores, aunque estaban siendo sometidos a un fuerte ataque enemigo. El resto de la nave estaba en un silencio sepulcral.

La situación en el crucero era algo más complicada, los destructores herejes habían desembarcado nutridas tropas enemigas, las cuales estaban luchando a muerte contra otra infestación xeno. Ahora que el Lanza de Hierro había arrasado las naves en las que habían llegado, solo podían escapar de una manera, reactivando la nave. Eso los hacía más peligrosos, puede que estuvieran locos, pero no eran tontos, si el arma que portaba ese crucero se ponía en funcionamiento de nuevo, la batalla daría un vuelco de lo más inesperado. 

Naves de abordaje de la Lanza de Hierro. 

Dos naves de asalto grandes surgieron de los hangares de la Lanza de Hierro, con una escolta de cazas pesados, cada una fue en una dirección distinta.

El mayor Volog estaba sentado en su sitio mientras ignoraba los murmullos de los soldados y rezaba un salmo al Dios Emperador, entre sus manos sujetaba su rifle láser, podía sentir como los arneses que le sujetaban al asiento comprimían su pecho debajo de su coraza. Era de los pocos que ya llevaba puesta la máscara antigás, no le molestaba mucho, se había acostumbrado desde su adolescencia, cuando tenía que llevar una todo el día como guardia de seguridad en una de las explotaciones mineras de Nybde. Como líder de la segunda división del 143 de Savaranos debía cumplir las órdenes al pie de la letra, manteniendo la disciplina y la moral de la que hacían gala los regimientos de su sistema. Le entusiasmaba la idea de atacar a tropas herejes, estos no eran inhumanos xenos, ni rebeldes con ideas estúpidas, eran aquellos que habían traicionado a la verdadera Fe de forma voluntaria, no debía haber piedad con ellos, solo después de muertos podían ser juzgados por Él. 

La palabra “cruzada” resonaba en la mente del mayor haciendo que aumentasen sus ganas de llegar al combate, puede que por eso Khur le hubiera asignado a Seleuco como oficial político, era bien sabido que el gran comisario sabía controlar a todo tipo de soldados, fuese por las buenas o por las malas. Intentaría controlarse, por lo menos a la hora de disponer las tropas para el combate, eso sí, los infieles no iban a tener tanta suerte. 

Arsacis se mantenía de pies sujetándose a una barra de seguridad con las manos, observaba como los soldados se iban sentando en sus asientos con todo el equipo preparado. El chasquido de los arneses al accionarse se mezclaba con del de los cargadores al entrar en las armas. Todos estaban algo nerviosos, el asalto a una nave tan grande y antigua era algo complicado, sobre todo si tenían que enfrentarse a genestealers, esos malditos aliens eran expertos en realizar emboscadas. 

La presencia de Enoch era al mismo tiempo tan tranquilizadora como perturbadora, ya que aunque el visiongeniero era un combatiente formidable, sus ansias de tomar ese gargantuesco acorazado eran más que patentes. De momento fortificarían la zona de entrada y realizarían una entrada para comenzar a tomar la nave, contaban con el resto de compañías en la reserva, además su equipo era mucho mejor que el de los guardias locales que ya habían intentado asaltar la nave. Justo en el momento en que pensaba en el macabro destino de aquellos pobres desgraciados pudo ver al comisario Halls animando a las tropas, llevaba la misma armadura que el resto de todos ellos, aunque, entre otros detalles, la gorra con la calavera alada sustituyendo al casco lo diferenciaba de los demás.  

- Comisario, acérquese un momento. - Con un asentimiento de cabeza Halls se acercó con paso rápido, haciendo que sus botas resonaran sobre el suelo metálico. 

- ¿Qué desea Mayor?

- Me gustaría que antes de ir al puente de mando de la nave, pasásemos por las zonas superiores en las que entraron las tropas locales. Si hubiera algún superviviente podríamos recogerlo, no me gustaría estar en su situación.

- Por lo que tengo entendido eso no supondría alejarnos mucho de nuestros objetivos. Sin embargo recuerde que nuestra misión es tomar la nave, no rescatar a nadie. Probablemente estén todos muertos, este enemigo no suele hacer prisioneros…

- Esperemos que si hay supervivientes puedan resistir lo suficiente hasta que lleguemos, sería una buena ventaja para las relaciones con el gobierno del lugar. 

- Me parece correcto Mayor, le comunicaré sus deseos al Coronel y al Visioingeniero Jefe.  

Tras esto el Comisario giró en redondo sobre sus talones y se machó a realizar sus ocupaciones. Arsacis se sentó e hizo llamar al técnico de comunicaciones más cercano, apresuradamente le ordenó que se pusiera a buscar trasmisiones dentro de la nave que iban a abordar. 

Cada vez se acercaba más y más. La estructura del crucero y los adornos imperiales en relieve que tenía por toda su superficie eran de color gris mate, sin embargo, la del enorme cañón a la que estaba pegada, era de color rojo, con multitudinarias inscripciones relacionadas con cánticos al Omnissiah. A lo largo de la superficie carmesí del arma había incrustadas media docena de lo que parecían titánicos generadores de energía, los cuales estaban recubiertos de un grueso cristal azul. Por encima de toda la nave flotaban los restos de las naves enemigas destruidas por la Lanza de Hierro. 

El acorzado revelaba detalles a cada momento que se acercaban. Su superficie era de color blanco, con gruesas líneas doradas robusteciendo las partes más prominentes de su  larga estructura elíptica. Sus armas eran extrañas, fruto de una tecnología perdida decenas de miles de años antes, alrededor de estas, reforzando sus puntos débiles, había torretas laser junto a cañones de plasma de manufactura imperial. Junto a estos añadidos, había que destacar el gran Aquila Imperialis de plata añadida en la parte central de su lateral, alrededor de esta había dos frases paralelas, una en gótico alto, la otra en una idioma cuyos caracteres eran imposibles de leer para todos los que se molestaron en mirarla. 

Las naves comenzaron a acercarse a los flancos de sus objetivos, frenando bruscamente en el último momento antes de chocar. Se alinearon ofreciendo el costado a la superficie de estas. Los escudos estaban al máximo, mientras los servidores de las torretas automáticas se mantenían alerta ante cualquier movimiento. Ambas se habían situado en el exterior que daba a dos grandes salas interiores en sus respectivas naves, esta era otra ventaja ofrecida por los informes de los escáneres de la Lanza de Hierro, desde estos lugares podrían establecer una cabeza de puente desde la que hacerse fuertes y recibir refuerzos para la invasión. 

Dos divisiones por nave se prepararon para el combate. El transporte en el que iban las tropas de la división del mayor Arsacis se acopló a una entrada secundaria del acorazado que abrió con dos grandes palancas automáticas. El que trasladaba a los soldados del mayor Volog abrió la superficie del crucero con mucho menos cuidado, utilizó varias cargas de fusión. Los savaranos calaron bayoneta y entraron con las armas por delante, aunque las salas a las que entraron eran muy distintas una de la otra, el grito que se escuchó en ambas fue el mismo.

- ¡Aplastadlos! ¡Por el Emperador!

2 comentarios:

  1. Interesante... Xenos y traidores, buena variedad de enemigos del Emperador. :P

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    1. Esperemos que mis Savaranos den la talla, jejeje.

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